Es noviembre porque los árboles ya no tienen flores ni en tu rostro queda el bronceado, es noviembre porque el día se pasa dentro de las clases y al salir no quedan más que restos de la mañana.
Es noviembre pero tú sigues igual de bella aunque tu rostro lo tape una bufanda azul y yo sigo igual de callado aunque haya encendido en mí ya una chimenea.
Es noviembre por todo lo que hay ahí fuera: la lluvia, el frío, la temprana noche, las sudaderas hasta cubrir el último resquicio de la piel, las botas que cubren las piernas que antes estuvieron desnudas. Sin embargo, nosotros seguimos siendo los mismos, con nuestros errores, vicios y perfecciones, nos mantenemos altos o bajos, rubios o morenos y sobre todo seguimos siendo la persona que fuimos meses atrás.
-Entonces, ¿por qué la gente está tan triste?- me pregunta mi pequeña prima, de cabellos rojizos y rizados, con unos enormes ojos de roble que se acaban de colar en mi biblioteca en busca de su muñeca perdida.
- Pero antes las tardes en el parque eran más divertidas, ahora mamá me lleva a casa antes.
-Puede que tengas menos tiempo para disfrutar de tu vida, de tu cubo de arena y tu pala, no obstante, así aprenderás a valorar más cada segundo. Sabrás que cada minuto puede ser todo un mundo si te empeñas en que así sea, aunque tengas menos tiempo para hacerlo.
-¿A qué te refieres?
-A que por muy mal que vaya todo, por menos sol que tengas para disfrutar por la tarde, por más tempestades que te impidan acercarte a tu parque, tú siempre podrás sonreír, porque aunque te quiten el cubo y la pala, te quedará tu imaginación para disfrutar de los días.Da igual cuantos nubarrones y tempestades haya ahí fuera, lo que debe importarte es que tú sigues siendo la misma.
Arturo G.Z.
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