lunes, 7 de enero de 2013

"La vida de los recuerdos"

Creo. Pienso.     Siento.     Digo. Regreso.
Cada día que vuelvo a estos lugares,  notó en mí extrañeza, como si presenciase una novedad y debe ser cierto eso de que el tiempo no pasa en balde por nadie pues aunque aún no me marquen arrugas, ni canas, ni si quiera la desgana que dan las limitaciones, empiezo a ser consciente de todo lo que se queda a mi paso.
Nos cruzamos con miles de personas ahí fuera cada semana, para algunas no somos más que viento obligado a pasar cerca suya, invisibles, para otras somos una llamada de atención, ¿ cuántas nos habrán mirado ahí fuera y habrán imaginado qué seríamos, qué nos gustaría y qué no, cuántas habrán visto en nosotros ese complemento que les falta? Y justamente al revés, de cuántas personas habremos imaginado una vida, un trabajo, un nombre, una voz y al atravesar la esquina de la calle, habrán desparecido de nuestra vida, como si nunca hubieran existido.
¿Qué hubiera ocurrido si esas dos miradas que  se observaban a lo lejos en silencio hubieran chocado "por casualidad"?  Quién sabe.
Alguien se pregunta ahí fuera si acaso los seres que nos rodean cada día, la familia, los amigos, los conocidos, los profesores, desaparecen de igual forma cuando se los lleva la luz,  Dios, o la muerte. Pues a ellos también dejamos de verlos cuando cruzan la esquina, que los lleva a la oscuridad eterna o a la prometida eternidad.
Y yo me sonrió y le pregunto:
-¿Qué es para ti la vida?
-Lo que se ve.
-Entonces si los seres queridos se esfuman de los sentidos, si no se ven, ¿no son vida no?
-No, solo seres inertes, sin vida.
-Pero, ¿no son los pensamientos y los recuerdos capaces de ponernos la piel de gallina o hacernos llorar? ¿no no hacen los recuerdos sentir?
-Sí.
-Entonces, un recuerdo sigue siendo vida siempre que te haga llorar o reír, y por ello una persona siempre seguirá estando viva mientras que haya alguien dispuesto a  pensar  en ella.



                                                              Arturo G.Z.